Dos, tres, cuatro gotas caen del grifo medio abierto de la cocina; son las doce en punto y yo estoy aquí, sentada, con una sola taza de té de frambuesa Davenport, acompañada de mi Fanzine 34 y nada más. Sigo rebuscando en las entrañas de mi cabeza, busco y busco, sólo quiero saber ¿Qué es lo que me hace falta para ser feliz?. Hace un rato que no experimento la sensación. Olvidé cómo era ser feliz o algo, y durante todo el tiempo uso una máscara para ocultar mi falta de felicidad. No, no estoy triste, no hay tristeza en mi, tampoco enojo, sólo hay ausencia de felicidad, no la encuentro dentro de mi. ¿Por qué no me llena de felicidad lo que hago? ¿Estaré haciendo algo mal?.
Quizás en el fondo de mi ser, muy rebuscado, quizás, esto no es lo que quiero, o quizás no nací para esto. Me empiezo a creer que tengo una fobia; quizás el sueño que he tenido toda mi vida, no sea más que una simple ilusión, confusión, quien sabe, quizás, yo realmente no nací para esto y todo este tiempo he fingido. Ya no quiero nada. Nada. Ya no me siento completa, ya no soy feliz. Y no estoy segura cuando empezó este sentimiento. Me hace falta conocer a alguien nuevo. Alguien que me abra los ojos, alguien que me tenga paciencia. Alguien que me quiera de verdad. Odio ser así, siempre estoy en cambio continuo, y lo odio, no puedo estar estable, y me da tristeza, por que sé que las personas a las que quiero hoy, quizás en mi futuro no sean más que fantasmas borrosos. ¿Por qué dejo de querer tan rápido a todos, a todos, menos a él? Aún me duele su partida, pero yo no lo quiero aceptar. Ya casi es un año, Casandra, me digo, me repito, y no lo soporto. Me dan ganas de desvanecerme con el tiempo. Tengo que decirle esto a alguien, sólo que aún no he encontrado a la persona correcta. No me es fácil abrirme cómo antes. Sólo puedo pensar en “Hola Ana, ya te quiero de regreso, que no te encuentro”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja la colilla de tu cigarrillo aquí y tu taza de café vacía.